Al Peñón de Gibraltar

Al Peñón de Gibraltar

 

Un protohombre te arañó en el suelo

de la capilla de piedra mojada,

donde el fenicio su oración cansada

dejó y un noble egipcio su alto duelo.

 

Cuando te miro cubres como un velo

la verdad que proteges horadada,

pues, aunque cerca, está tan alejada

que al tiempo eres reposo y desconsuelo.

 

Murieron griegos, árabes, romanos,

como ya polvo son aquellas manos

que marcaron tu roca desolladas.

 

Ni siquiera el ángel de la historia

podrá salvar airosa la memoria

de España y de Inglaterra desarmadas.

 

Marcos Santos Gómez

Las bacantes, de Eurípides

Las bacantes, de Eurípides.

 

Un dios despedazado y forastero

arrebata sublime a las danzantes,

y en la montaña embriaga a las bacantes

con el vino, la lira y el pandero.

 

Cada golpe de risa es un reguero

de estrellas infinitas resonantes

pues convocan las artes nigromantes

un súbito calor que tiñe enero.

 

La melaza de la naturaleza

se torna una corriente que extasía

y que bebe escondida en la maleza

 

la bacante, fermento y agonía,

mientras arranca horrible la cabeza

a su hijo al que mataba y no veía.

 

Marcos Santos Gómez