La tarde. El mito de Sócrates.

La tarde. El mito de Sócrates

 

Aquella tarde evoca al derrotado mito

como razón central que copa anaqueles,

tintando de un ocaso el mágico infinito

que se resguarda casto en torres de Babeles.

La confusión que somos en sangre martirial

se centra y reverbera, clavándonos su ejemplo,

y dando su principio al último final,

la amarga religión que tiene allá su templo.

Aun sabiendo que así nos hiere la perdida

tarde de la cicuta y el dulcemente aplomo,

daría varios años de esta inútil vida

por morir con él viendo quién fue, qué dijo y cómo.

Mas sin saber ya nunca la verdad de aquel hito,

sólo resta beber nuestro cáliz maldito.

 

Marcos Santos Gómez

 

 

Triste banquete ateniense

Triste banquete ateniense.

 

El regocijo de la desmesura

en los baños invocan los amigos,

el vino que caldea el alma impura

tras un festín de almendras, miel e higos.

 

Mas el éxtasis de la piel desnuda

en la bacanal no borra la tragedia,

ni la terca fatalidad tozuda

del coro extático que les asedia.

 

Luego calientes en la sombra callan

de la piedra y el barro… Muchos lloran

y deliran. Los vómitos estallan

en pos del triste olvido que deploran.

 

Mañana evocarán la tarde aquella

de la cicuta y de la muerte bella.

 

Marcos Santos Gómez