Las bacantes, de Eurípides

Las bacantes, de Eurípides.

 

Un dios despedazado y forastero

arrebata sublime a las danzantes,

y en la montaña embriaga a las bacantes

con el vino, la lira y el pandero.

 

Cada golpe de risa es un reguero

de estrellas infinitas resonantes

pues convocan las artes nigromantes

un súbito calor que tiñe enero.

 

La melaza de la naturaleza

se torna una corriente que extasía

y que bebe escondida en la maleza

 

la bacante, fermento y agonía,

mientras arranca horrible la cabeza

a su hijo al que mataba y no veía.

 

Marcos Santos Gómez

 

 

 

 

La tarde. El mito de Sócrates.

La tarde. El mito de Sócrates

 

Aquella tarde evoca al derrotado mito

como razón central que copa anaqueles,

tintando de un ocaso el mágico infinito

que se resguarda casto en torres de Babeles.

La confusión que somos en sangre martirial

se centra y reverbera, clavándonos su ejemplo,

y dando su principio al último final,

la amarga religión que tiene allá su templo.

Aun sabiendo que así nos hiere la perdida

tarde de la cicuta y el dulcemente aplomo,

daría varios años de esta inútil vida

por morir con él viendo quién fue, qué dijo y cómo.

Mas sin saber ya nunca la verdad de aquel hito,

sólo resta beber nuestro cáliz maldito.

 

Marcos Santos Gómez