Las bacantes, de Eurípides

Las bacantes, de Eurípides.

 

Un dios despedazado y forastero

arrebata sublime a las danzantes,

y en la montaña embriaga a las bacantes

con el vino, la lira y el pandero.

 

Cada golpe de risa es un reguero

de estrellas infinitas resonantes

pues convocan las artes nigromantes

un súbito calor que tiñe enero.

 

La melaza de la naturaleza

se torna una corriente que extasía

y que bebe escondida en la maleza

 

la bacante, fermento y agonía,

mientras arranca horrible la cabeza

a su hijo al que mataba y no veía.

 

Marcos Santos Gómez

 

 

 

 

A la alcantarilla

A la alcantarilla

 

Oh silenciosa y noble alcantarilla,

la red más verdadera y prodigiosa

de ingeniería magna y afanosa;

mas, aunque muda y digna, tan sencilla.

 

De nuestras latitudes la chiquilla

que nadie quiere casta ni celosa,

nuestro detritus tomas procelosa

por el mar que atraviesa tu costilla.

 

Bebes el zumo oscuro de este mundo

del que conoces todos sus secretos,

lo más real de nuestra realidad,

 

fluida esencia de lo más profundo

que alcanza el hombre así con sus objetos.

Su maloliente firma de verdad.

 

Marcos Santos Gómez