A un filósofo estoico


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A un filósofo estoico

 

Inmune a la pasión que nos condena,

ha reducido el campo de su anhelo

derrotando al dolor se torna hielo,

el mundo es la palestra donde entrena.

 

Esta tenaz milicia en su faena

que combate el deseo es su consuelo,

en el lábil océano con celo

medita por pintar su propia escena.

 

Irónico se eleva sobre el llanto

y en medio de la guerra y el ruido

se sueña sin la histeria ni el quebranto.

 

En noble mansedumbre diluido

se repliega curado de su espanto.

Sonámbulo, no pierde… ni ha vencido.

 

Marcos Santos Gómez

 

 

 

 

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