Al filósofo Marco Aurelio


Al filósofo Marco Aurelio

Tus tardes son idénticas a mis tardes serenas,
tus ocasos también hoy palpitan y perecen
nuestros cuerpos gemelos respiran y envejecen
y recorre tu sangre mis aquietadas venas.

Contemplaste la sombra que somos sobre todo,
la verdad de mi víscera con ajustado canto
airoso domeñaste, cabalgando el espanto
de la ruda agonía de nuestro mismo lodo.

La oscuridad común que regiamente boga,
el íntimo estupor de la grave materia
que taciturnos somos, nos mece y nos ahoga.

La comezón igual, una apagada histeria,
el esplendor albino de nuestra triste toga,
un común horizonte y la mortal miseria.

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